LA SALITA DE BEGOÑA RODRIGO. ENTREN Y VEAN, EL ESPECTÁCULO VA A EMPEZAR.

LA SALITA DE BEGOÑA RODRIGO. ENTREN Y VEAN, EL ESPECTÁCULO VA A EMPEZAR.

Visitar La Salita Restaurante de Begoña Rodrigo es un espectáculo. Se respira en el ambiente. Nada más entrar percibo que nos adentramos en otra dimensión. La decoración, el ambiente, la luz, el trato,… en fin, todo un conjunto de detalles que te hacen sentir cómodo y arropado acompañado de un servicio atento y delicado. Empiezo a sentir que mis expectativas se cumplen desde el primer momento. Vamos bien.

Seguidamente empieza el espectáculo de nuestro menú degustación. Nosotros elegimos el menú que da nombre al restaurante, La Salita, compuesto por 8 platos, por algunos aperitivos y postres que tardaré en olvidar. 

Pequeños bocados inmensos en boca, texturas, contrastes, sabores característicos de cocinas internacionales. Todo ello acompañado de platos que le transmiten personalidad a sus ingredientes, cuchillos, tenedores, cucharas. En fin, por gustarme me gustó hasta el vestuario y el calzado que el equipo de sala llevaba. Todo un conjunto de detalles que hicieron de la experiencia de anoche una cena especial de la que salimos agradecidos en todos los sentidos.

Empezamos con un bombón líquido de piña colada que sostiene esta figura tan original. Una explosión de sabor y frescura que nos prepara el paladar para lo que viene a continuación.

La tiara de ensalada César es un clásico de Begoña con alguna variante. Frescor que se asoma al mediterráneo a través de sus encurtidos,  nos introducen poco a poco en lo que va a ser el menú.

Seguimos con la careta de cerdo con brandada de bacalao. Con este aperitivo nos abre el paladar de par en par dispuesto a recibir todo el recital de su menú. Un bocado crujiente y sedoso, exquisito e intenso.

La cremosidad de la quiche loraine con puerros, salmón y tobiko no nos deja indiferentes. Sutil y elegante a la vez, lo convierte en un pedacito de gloria.

La berlina con huevo frito y anguila marca la intensidad y el final de unos aperitivos inolvidables con un sabor a nuestra tierra, a tradición.

Continuamos con sardajo, sardina ahumada y lechuga de mar. Sabor, frescor y combinaciones perfectas nos hacen sentir la sencillez en su máxima expresión.

Este taco de jicama con anguila, panceta y kimchi tiene la particularidad que la tortita es casi transparente. De este modo consigue una presentación muy atrevida y a su vez muy elegante. Presentación bonita de verdad y del sabor tan solo tengo que decir que me hubiera comido unos cuantos. 

Imagen 1


Imagen 2

Y antes de pasar a los postres nos deleitan con este raviolo de rabo de toro, con puré de topinambur. Un acierto de plato con mucha intensidad,  siendo la antesala perfecta del plato que viene a continuación.



Cochinillo, kimchi y leche cruda de oveja. Esta es una apuesta segura donde el cochinillo a baja temperatura nos muestra su textura suave bajo una corteza crujiente que le confiere toda la intensidad junto al kimchi y la leche cruda de oveja. Todo un espectáculo.

Lima limón con  un merengue suave ideal para refrescar y limpiar la boca. Me recuerda al merengue que mi madre preparaba en el horno de mis tíos. Que delicia.

Calabaza, naranja y parmesano. Este es el otro postre que tenía el menú. Un postre más intenso y goloso para los que les encanta el dulce y las texturas.

Y los originales petit fours que no pueden faltar para dar por finalizado este fantástico menú y que acompañan al café.

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